Llevamos varios años hablando de inteligencia emocional. Nos basamos en Daniel Goleman y en otros autores para hablar de lo que esto significa, de cómo el ser emocionalmente más inteligente nos puede hacer más fuertes dentro de las empresas, y desde ellas llegar a los consumidores de forma más empática, entender mejor las necesidades de los clientes y en definitiva, ganar más, producir más y generar más y más dinero para las organizaciones.

Pero la esencia de la inteligencia emocional no va de esto, y sobre todo no va de leerse o subrayar un libro. Por desgracia, querido lector, esa inteligencia puede estar o no, mientras lees estas líneas. Se construye sobre todo durante los primeros 4 años de vida, aunque se termina de modelar hasta los 6 ó 7 y puede seguir evolucionando según se estimule hasta la adolescencia, cuando la estructura pre-frontal de nuestro cerebro sufre su última y más importante fase de desarrollo.

Ocurre algo muy curioso. Si me pregunto qué es lo que estudié durante mis años escolares sobre emociones, diversidad, empatía, y sociabilidad. La única sensación que tengo en este sentido, es de haber aprendido algo parecido gracias a las clases de Religión. Desde luego, era el único momento en la que te hablaban de sentimientos, de emociones, y dicho sea de paso, también de no matar, no robar…o de no hacer nada que no te gustaría que a ti te hicieran.

Actualmente los colegios hacen lo que pueden con respecto a la ética, y los valores, y es verdad que recientemente se ve un enorme deseo por sus equipos de formadores en buscar “las inteligencias múltiples”, cosa que algunos repiten en sus “jornadas de puertas abiertas” sin saber realmente lo que quiere decir. ¿Creemos que se está haciendo lo suficiente a nivel emocional en las escuelas? ¿Creemos que estamos dando suficiente educación emocional a nivel familiar y como padres? Ahí dejo las preguntas. Es cosa de cada uno encontrar una respuesta.

La realidad de nuestros días nos dice que los niños tienen un acceso infinito e ilimitado a la violencia, de forma directa o indirecta, no sólo por la tele, sino por internet. Afortunada o desgraciadamente, el uso de videojuegos y otros dispositivos es cada vez más temprano. En los´80 por ejemplo, nos resultaba raro ver a un niño de 3 años delante de una pantalla ¿verdad? Sin embargo, ¿cuántos niños en la sala de espera del centro de salud juguetean con el móvil de sus padres durante horas hasta que llega su turno?

Os invito a que leáis el estudio de acoso escolar de la Fundación Anar *cuyas conclusiones son, cuanto menos, impactantes. El incremento de este tipo de casos ha sido de un 75% con respecto al 2009, más del 40% de niños sufre acoso durante más de 1 año y el 70% lo sufre a diario, con más de 44.000 actos de “ciberbulling” identificados en 2016. Los niños que sufren acoso tardan de media 13 meses en comunicarlo, y, por si no fuera esto suficiente, encontramos que el suicidio es la principal causa de muerte en adolescentes en Europa.

Pues bien, tienes muchas opciones frente a esto, puedes pensar que no son más que datos y que no representan tu realidad, o puedes hacer algo y comenzar a marcar la pauta hacia una educación completa, donde las emociones tengas su protagonismo, y marcar la diferencia en tu familia. En definitiva, la inteligencia emocional no es más que saber estar en este mundo desde una postura más abierta y rica. Es respetar y aceptar. Es ver y entender en los ojos del otro si sufre o se siente feliz, y desde ahí, tender una mano o corresponder con una sonrisa.

Suena a utopía, pero espero que en algún momento la palabra empatía aparezca en los libros de texto como estudiamos las partes del cuerpo humano o la lista de los Reyes Godos.

Y después de toda esta reflexión, ¿Te atreves a emocionar a tu familia?

*https://www.anar.org/acoso-escolar-problema-visible/

Artículo de Rocío Marín Alvarado, Psicóloga y Coach en IDTSE

 

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